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Familia, Lugar de esperanza

La sociedad del futuro se distinguirá por la familia como elemento esencial, pero pocas veces nos detenemos a pensar en su sentido y trascendencia.

 

Desde hace tiempo, los sociólogos vienen remarcando que la sociedad del futuro se distinguirá por un elemento esencial: LA FAMILIA. Esta será la nueva riqueza y el valor escaso. De hecho, la soledad aparece como un mal creciente en las sociedades posmodernas que han llevado a ciertos países, como Reino Unido o Japón, a crear “ministerios de la soledad” debido al alto impacto que esta tiene en la salud mental, física y social, sumado a altas tasas de suicidio.

 

Es justamente en la familia donde el ser humano se humaniza, donde inicia su proceso de personalización. La familia constituye el hogar, verdadero centro de la existencia humana donde, desde la afectividad, forjamos nuestras actitudes, motivaciones y hábitos. La pandemia por covid-19 y las vivencias de aislamiento social prolongadas han evidenciado el lugar especial que la familia ocupa. Una crisis vital que nos permitió revalorizar y pensar en ella como el lugar donde cada uno de nosotros somos amados solo y por nuestra valoración personal -no cuantitativa-.

 

Es frecuente la alusión a la familia como órgano fundamental de la sociedad y resulta imposible pensar en una comunidad que pueda darse sin familias. Pero es una realidad mucho más profunda, arraigada esencialmente en la naturaleza humana y, por eso, fuente de potencialidades inagotables para el crecimiento de las personas y el desarrollo de las sociedades.

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Las familias cumplen funciones estratégicas para la sociedad. Función social, pues da origen a las nuevas generaciones y se ocupa de su crianza y educación; fomenta el respeto por la diversidad y la complementariedad; promueve la ayuda mutua, la solidaridad y la generosidad intergeneracional; y conserva y transmite la cultura. Función económica, en cuanto da dinamismo a la economía, promueve la producción y el consumo, genera capital humano y social. Y, finalmente, la función de contención, como espacio de protección y seguridad respecto del entorno, pero también en tanto control social de la persona, a fin de evitar conductas dañinas y perjudiciales para ella misma y para toda la sociedad.

 

Las familias no son abstracciones sino realidades concretas que, día a día, navegan las caudalosas aguas de la complejidad del mundo moderno, el cual las pone a prueba en cada recodo y las somete a nuevas exigencias: los tiempos de dedicación laboral y el acceso de la mujer al mundo del trabajo; los bajos índices de nupcialidad frente a los altos índices de rupturas; el crecimiento de los hogares monoparentales; los problemas de comunicación y la violencia instalada en todo ámbito social; el fenómeno del individualismo y el constante consumismo de cosas, pero también de personas.

"Cada uno de nosotros tiene el deber de preservar la familia como lugar de esperanza, de amor incondicional."

Históricamente, los estudios revelan una realidad innegable: cuando estas funciones fallan o se debilitan los vínculos familiares, aparecen situaciones de gran impacto social. El aumento de la criminalidad, el abuso de menores, la violencia familiar y social, los consumos problemáticos, un debilitamiento de funciones parentales y de la solidaridad intergeneracional, problemas de comportamiento y la disminución del rendimiento académico y un aumento de la pobreza y tasas crecientes de depresión y suicidio, especialmente en los jóvenes.

 

Resulta necesaria, entonces, una profunda reflexión sobre el sentido de responsabilidad del Estado en relación con la familia, en el marco de un claro reconocimiento de su identidad, de sus funciones sociales estratégicas y de los importantísimos valores que representa en sí misma y que transmite al conjunto de la sociedad. Justamente por eso, Naciones Unidas (ONU) instituyó el Día Internacional de la Familia en 1993 y así aumentar la concienciación acerca de los temas relacionados con la familia y a fin de fomentar los lazos de unión. Es una forma de recordarnos anualmente aquel reconocimiento de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) que presenta a la familia como el elemento natural y fundamental de la sociedad, que tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.

Es preciso reconocer que toda desvalorización sobre la familia afecta a la sociedad en su conjunto y, de esto, derivan múltiples problemas de alto costo social, político y económico. Por eso, la ONU sostiene la necesidad de crear conciencia sobre la situación de la familia y de promover políticas y programas orientados a ella, así como de integrar la perspectiva familiar en las agendas de desarrollo sostenible de las naciones.

"El único camino para la humanidad es la familia."

Pero esta no es solo una responsabilidad de los gobiernos, sino que también se convierte en una labor corporativa, en la que cada empresa asume su contribución social al promover la implementación de políticas más flexibles para sus empleados, con mayores espacios de formación, no solo profesional sino también humana, para ayudarlos a desarrollar sus talentos y todo su potencial, tanto dentro como fuera de la empresa. Asimismo, la instauración de ecosistemas donde el sostén emocional y personal que se brinde repercuta notoriamente en la empresa, en cada trabajador al que se le posibilite asumir más efectivamente sus roles como madre o padre.

 

Estas son acciones que muchas veces representan un bajo costo económico, pero son de alto impacto en el desarrollo y bienestar del personal. También los profesionales debemos asumir un compromiso concreto con la promoción de la familia, con la necesidad de profesionalizar su servicio y atención, y con investigar sobre las distintas fortalezas y debilidades que se dan en este espacio vital.

Por eso es nuestra misión, desde cada disciplina, trabajar denodadamente por la protección y restauración de los vínculos familiares. Una tarea de profunda vocación humana y social.

 

Pero no podemos concluir este artículo sin señalar que cada uno de nosotros tiene el deber de preservar la familia como lugar de esperanza, de amor incondicional. Recordemos siempre que quien tiene un verdadero hogar posee un seguro contra la desesperación y un refugio al que siempre se puede volver; donde cada uno de nosotros vale simplemente por ser nosotros: no por ser altos o bajos, ricos o pobres, varón o mujer, sino solo por ser. Convirtámonos entonces en voceros de un valor fundamental: el único camino para la humanidad es la familia.

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Lorena Claudia Bolzon (Buenos Aires, Argentina).

Doctoranda en Ciencias Jurídicas (UCA). Máster y Experta en E-Learning (Universidad de Sevilla, España). Decana del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral. Técnica en Orientación Familiar (Universidad Austral, Argentina). Abogada.

lbolzon@austral.edu.ar

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