Educación para la vida digital: el papel de la familia en la formación de hijos responsables

En la actualidad la educación digital se ha convertido en un proceso fundamental en los hogares, considerando el incremento del uso de las tecnologías en las familias. En efecto, los padres cumplen un rol esencial en el desarrollo de competencias digitales y en la construcción de hábitos responsables de interacción tecnológica y de la administración correcta del tiempo frente a las pantallas (Amada, y Plaza de la Hoz, 2016).

 

La mediación parental en entornos digitales ha demostrado su efectividad en la reducción de los efectos dañinos de internet y de las redes sociales, es decir, los padres pueden desarrollar diversas estrategias de acompañamiento que implique la ejecución de normas y diálogos permanentes sobre los riesgos del mundo digital (Saltos et al., 2025).

Los riesgos del entorno digital

De acuerdo con la revisión de literatura, los riesgos digitales son diversos que van desde la exposición de imágenes e información inapropiadas, así como el contacto con personas mal intencionadas que buscan ejercer un daño y vulneración a la privacidad, derivando a una afectación en el bienestar psicológico, social y emocional (Soto, De Miguel, y Díaz, 2018; Gómez et al., 2025). Asimismo, uno de los riesgos mas abordados es el ciberacoso, definido como una agresión intencional que ocurre a través del uso de plataformas digitales, siendo un comportamiento dañino que se repite con la intención de humillar a sus víctimas y en ciertos casos llega a tener consecuencias tan graves para la salud mental que se asocia con la generación de conductas autolesivas e incluso con el suicidio (Villanueva-Blasco et al., 2025).

 

Por otro lado, el material digital con contenido potencialmente perjudicial, afecta a los niños y adolescentes en la construcción de creencias, actitudes y comportamientos. Es importante destacar que, en estas etapas de desarrollo, los individuos se encuentran formando un autoconcepto e identidad, por lo que la recurrente exposición de imágenes, videos, y contenidos idealizados afectan de manera profunda en la personalidad y en la capacidad de relacionarse socialmente.

 

En este sentido, en la investigación de Morán Pallero y Felipe-Castaño (2021), establecieron que la familia es parte fundamental en la construcción de la identidad y autoestima, considerando que los vínculos afectivos impactan directamente en la estabilidad psicológica, autovaloración y equilibrio emocional de los hijos, por el contrario en aquellos hogares que tienen dinámicas disfuncionales o poco afectivas pueden generar inseguridad emocional, dificultades y poca claridad personal que dificultan el desarrollo integral.

 

Por otro lado, la exposición de contenido digital violento, es considerado otro factor de riesgo para los integrantes dentro del hogar. Este tipo de información puede generar un patrón de comportamiento no adecuado, como es el caso de la normalización de actos violentos, por ejemplo: los gritos, empujones e insultos, que por ningún motivo deben ser aceptados en la convivencia familiar y social.

 

Existen estudios que explican las causas de esta problemática, de acuerdo con Andrade, Valdivieso y Zambrano (2023), consideran que la visualización periódica de información violenta en las plataformas digitales disminuye en las personas la capacidad de empatía frente al sufrimiento del prójimo, normalizando la violencia como forma legítima de interacción.

 

De igual manera, las redes sociales han dado lugar a que la mayoría de adolescentes presenten un modelo de vida y éxito personal centrado en la estética corporal y la riqueza. Los estilos de vida de los influencers, en su gran mayoría son irreales, porque proyectan únicamente momentos de la cotidianidad editados, a una realidad inexistente que generan un impacto en redes sociales. Sin embargo, es importante señalar que la influencia de estos personajes no es solamente negativa; algunos fomentan mensajes positivos relacionados con la autoestima, la salud mental, la diversidad y el desarrollo personal. Bajo esta perspectiva, la trascendencia dependerá del tipo de contenido que se visualice y del acompañamiento que reciban los jóvenes por parte de la familia, lo que contribuye en la prevención de problemas asociados al uso desregulado de información virtual.

El papel de la familia

Por lo tanto, en una sociedad donde el acceso a la información y la comunicación se desarrollan en entornos digitales, tanto las familias como las instituciones educativas, son responsables de formar a los estudiantes en competencias digitales que permitan que los jóvenes participen con criterio de la sociedad del conocimiento.

Competencias para una ciudadanía digital

En relación a las competencias digitales el pensamiento crítico es relevante puesto que es una habilidad cognitiva que ayuda a los jóvenes a analizar, evaluar y cuestionar toda la información que consumen. El pensamiento crítico es indispensable para la toma de decisiones informadas y la independencia intelectual de nuestros hijos. Ante un entorno digital saturado de noticias falsas, datos manipulados y realidades idealizadas, esta competencia resulta clave y debe ser una prioridad compartida tanto en la educación escolar como en el hogar

 

Del mismo modo, es importante guiar a los hijos en la seguridad digital, recordemos que los adolescentes se exponen a múltiples riesgos, entre ellos, el ciberacoso, la pérdida de privacidad, el contacto con desconocidos y la exposición a contenido inapropiado. Por ende, necesitan adquirir habilidades de protección de sus datos personales, establecer límites a la vida digital y reconocer situaciones de riesgo.

 

Otra competencia que es fundamental, son las habilidades socioemocionales, es decir, que se instruya a los jóvenes en la autoconciencia y control de las emociones para que puedan mantener relaciones saludables en los entornos digitales. Un componente esencial es la comunicación familiar, porque a través del diálogo, los padres pueden identificar lo que piensan y sienten los hijos, regulando adecuadamente situaciones en las que están expuestos a comentarios negativos o enfrentamientos en línea.

¿Qué pueden hacer los padres?

En consonancia con lo señalado, es pertinente destacar la importancia de la enseñanza de la autorregulación emocional, que es una competencia que permite una construcción positiva de los adolescentes con su identidad digital. De esta manera, los jóvenes son capaces de controlar sus emociones, y decidir con asertividad qué contenido publican y comparten, sin dejarse llevar únicamente de la aprobación de los demás. Sin embargo, no solamente la apertura al diálogo por parte de los adultos conlleva a una prevención de los riesgos del mundo digital, es importante el establecimiento de normas y reglas dentro de casa sobre el uso de dispositivos. Es decir, es destacable la planificación semanal del tiempo de interacción en la pantalla, así como el tipo de contenido que los jóvenes pueden acceder y con quién interactúan en estos espacios digitales. Con estos acuerdos es posible que se disminuya la exposición a situaciones negativas de acoso en línea, contacto con extraños y consumo de contenido inapropiado.

La tecnología como una oportunidad

Por último, la tecnología forma parte de cada hogar y la responsabilidad como padres es el potenciar estrategias de uso creativo y productivo de la tecnología. En función de ello, es importante motivar a los hijos para que adopten un papel activo e innovador en el uso de los medios tecnológicos. Los jóvenes dejan de ser figuras de consumo para convertirse en productores de contenido formativo, promoviendo valores y estilos de vida saludables.

 

En conclusión, la educación digital es un componente esencial en la familia, por lo que, como padres debemos recibir constante capacitación tecnológica, no solamente para el uso de herramientas digitales, sino también para la identificación de riesgos y prevención oportuna ante cualquier signo de alarma que intente un daño en el hogar. Por todo ello, la familia, la escuela y la comunidad, están llamados a trabajar colaborativamente para un acompañamiento integral para los niños y jóvenes que han crecido en una sociedad inmersa en lo digital.

Paulina E. Moreno-Yaguana

Doctora en Educación por la Universidad Nacional de Educación y Distancia.(UNED-España).  Corresponsal nacional de Ecuador para la International Association for Educational and Vocational Guidance (Asociación Internacional de Orientación Educativa y Vocacional- AIVG).

Javier Maldonado-González

Coach ontológico profesional, certificado por el Instituto de Coaching Internacional y la Andragogy Autonomous University de Miami. Cuenta con experiencia en procesos de desarrollo personal, orientación vocacional, liderazgo y acompañamiento para la toma de decisiones.