La familia como educadora de los afectos y la sexualidad

Educar en familia sobre la sexualidad es oportuno en todo momento, se convierte en una forma de abordaje y de expresión amorosa hacia los hijos.   

 

Acompañar y formar desde varios ámbitos: biológico, psicológico, social, cultural y sobre todo dimensiones éticas. Todo con base al amor, propio de la intimidad familiar.

 

La sexualidad desde siempre ha sido un tabú, por lo que algunos padres desconocen la importancia e interés que este tema posee acarreando posibles implicaciones emocionales que pueden afectar su desarrollo madurativo, trayendo en algunos casos frustraciones.  A esto se suma la poca gestión en cuanto a la información relevante, pertinentemente moral y reflexiva que existe al respecto, provocando el desconocimiento sobre la influencia de hablar positivamente sobre la sexualidad y sus emociones. El dialogar este tema, forman parte del crecimiento, del desarrollo psicoafectivo y psicosexual propio del ser humano que, al ser abordado de manera efectiva y sobre todo afectiva, podrá convertirse en un factor altamente protector y resiliente tanto en niños como en adolescentes, generando la toma de consciencia del respeto a su cuerpo, a su dignidad, asociado a la espera entendida como la reserva de la entrega hasta que sean capaces de comprender y asumir con madurez y responsabilidad su sexualidad para formar una familia.  

 

Educar en la sexualidad infantil en el entorno familiar como una práctica de amor, posibilita la oportunidad de convertirse en una experiencia de desarrollo integral para el infante.

 

Se ha de enfatizar que la función de la familia en la educación sexual tiene un valor significativo, el niño estimará esto como una manifestación de amor y de confianza, respecto a ese saber de la afectividad del amor que se convierte en la base a futuro de su sexualidad.

 

Por lo tanto, es a la familia a quien le atañe de primera mano asumir de forma responsable y cuidadosa este tema, es así que desde el inicio de la convivencia en el hogar se sugiere que los padres establezcan figuras de apego seguras y saludables, donde confluyan la estima, el respeto y las actitudes positivas como la expresión mutua de afectos, elementos importantes que fortalecerán los procesos evolutivos que llevarán al niño a la construcción de su persona.

 

El entorno familiar debe ser considerado una gran oportunidad para abordar este tema y enseñar a los más pequeños, trasmitiendo de manera sutil y segura mensajes positivos emotivos que elogien su estima y su autoconcepto, para lograr establecer una identidad de lo que son y como irán evolucionando en su aspecto físico, emocional, social, con la finalidad de brindar el valor y la valía de ser tal cual son.

 

Fomentar también los valores y principios que sirvan de guía para definir el correcto comportamiento vinculado a la formación en este ámbito además del respeto y pudor que previenen en niños, niñas y adolescentes situaciones de riesgo que atenten contra su dignidad.

El papel que desempeña la familia en el proceso de la educación sexual, es trascendentalmente importante; la función, la dinámica y la interacción que desarrolla cada uno de sus integrantes permite fortalecer vínculos afectivos y de aprendizaje basados en la dignidad de la persona. Por ello se enfatiza que la familia es la plataforma fundamental que apoya en el desarrollo y aprendizaje de la sexualidad en los niños; sin olvidarnos del ejemplo que las actitudes, las composturas, y las conductas de los padres son un referente frente a su propia sexualidad.

La búsqueda de estrategias pedagógicas adecuada desarrolladas por profesionales idóneos, permitirá que esta educación deje de ser educación sexual informativa y se convierta en una manera humana y eficaz de enseñanza en la que se genere como resultado habilidades de comunicación efectiva, reflexión, resiliencia y protección para los niños.

 

Por último, para abordar el tema de la educación sexual infantil, se requiere una alta preparación y un extremado cuidado en la forma como educamos.  La finalidad de ésta, es generar pautas que permita a los padres tener una guía adecuada, evitando dejar solos a los hijos en este aprendizaje, pero sin caer en la censura de actitudes y comportamientos.  

Nora Erique Ortega

Magister en Gestión e intervención social, de la Universidad Técnica Particular de Loja, Dra. Psicología Infantil, Licenciada en Psicología Infantil y Educación Parvularia, Docente de segunda enseñanza, Diplomada en Educación Sexual y sexualidad, Universidad Nacional de Loja, Diplomada en Sexualidad Clínica y de Pareja, Diplomada en Psicología Forense, Docente investigadora – del Departamento de Psicología UTPL,  Adscrita al grupo de investigación EDUCERE.

rnerique@utpl.edu.ec

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Verónica Patricia Sánchez Burneo

Doctora en Teoría de la Educación y Pedagogía Social de la Universidad Nacional de Educación a Distancia – España.

vpsanchez@utpl.edu.ec